doliente

Acéptame en mi dolor

Aceptar el dolor del doliente no siempre es fácil. Como terapeuta de duelo, este es precisamente nuestro cometido. Hacer sentir a la persona que siempre aceptaremos su dolor, aunque sea incómodo, intenso o desbordante. Que siempre será reconocido y permitido.

Esta es la carta de una doliente en terapia de duelo. Una vez más me doy cuenta de cuánto sigo aprendiendo de cada paciente, de cada encuentro. ¡Cuánta honestidad ante el dolor!

Os comparto sus palabras:

Por favor, quiero que sepas que necesito que me sostengas. Quizá no te pida ayuda porque esté muy aturdida, pero preciso saber que estás ahí.

Tienes que saber que yo no espero que trates de hacerme sentir mejor o hagas desaparecer mi pena. En este momento nadie puede.

Yo necesito que me calmes, que aceptes mi dolor tolerando la impotencia de no poder ayudarme.

Si no puedes llamarme porque no soportas mi dolor y tu impotencia, dímelo. Yo lo voy a entender mejor que si pusieras excusas de todo tipo.

Trata de tolerar mi rabia. No eres tú, ni los demás, los que me enfadan. Es que yo perdí a quien quería. Por favor, perdona mis salidas de tono. Espero que me puedas entender.

No trates de evitar mis lágrimas. Verme llorar puede ser duro para ti, pero es un modo saludable de expresar un poco de mi pena. Llorar es bueno para mí, por favor trata de sentarte a mi lado y dejarme llorar.

No trates de consolarme comparando mi pérdida con otras peores. Mi pena es mía e intransferible. Entiéndeme si no puedo compartir momentos felices que estás viviendo. Me gustaría poder.

No me digas que lo que sucedió fue “porque Dios lo quiso”. Oír esto no me consuela en este momento y sólo agrega confusión espiritual y desolación a lo que siento.

No me digas “Sé cómo te sientes”. Nadie lo sabe. Por favor, sólo pregúntame cómo me siento hoy.

Ofréceme una ayuda específica… un almuerzo, una tarea hogareña, una hora libre. Yo estoy demasiado herida para poder pensar más allá de hoy.

No me digas que “deje esto atrás, que olvide y siga adelante con mi vida”. Esta es mi vida. Necesito hacer el duelo. Necesito ser yo, y necesito no olvidar, sólo encontrar una manera de recordar en paz.

Abrázame, tócame, dime que puedes cuidarme y acompañarme dentro de este territorio tan árido y fantasmal que es mi duelo.

Acéptame en mi dolor y siempre recordaré el amor sanador que me ofreciste”.

Psicoterapia Breve. Curso 2012-2013 © Copyright by José Luis Marín 48 Editado por la S.E.M.P. y P.

Ana Salomón

ana.salomon@locuradeque.com

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