Acompañar a otra persona en su proceso personal es  ponerse uno mismo entre paréntesis.

 TÚ y (Yo)

Acompañar es ponerse en el marco de referencia del otro, movernos de nuestra silla para acercarnos a la suya y vislumbrar desde allí su horizonte. Ver su vida “como si” pudiéramos sentirla. Y cuando remarco “como si” es porque cada percepción de lo que nos pasa, cada interpretación de las experiencias, tiene tantos matices como personas somos en el mundo. Sólo podremos acercarnos más a la compresión del otro si dejamos a un lado nuestra interpretación y atendemos con humanidad y humildad a la experiencia del otro.

Y esto no es tarea sencilla: requiere de práctica, experiencia y profesionalidad.

Para acompañar a alguien en un proceso terapéutico hace falta mucha empatía y escucha. Pero también hace falta saber lo que estamos haciendo. Un profesor mío hablaba de las competencias blandas y las competencias duras. Las competencias blandas serían la escucha, la aceptación incondicional del otro, la empatía y la autenticidad. Las competencias duras tienen que ver con el trabajo personal de una misma  – para no volcar lo tuyo en la otra persona-, a la formación, a la supervisión, a la dedicación rigurosa y exclusiva que dedicamos cada día y en cada sesión. Todo esto es necesario para acompañar desde la honestidad y el respeto para generar un espacio seguro.

¿Y cuándo podemos saber que necesitamos ayuda?

Lo primero es aceptar que todos y todas, tarde o temprano, tendremos que enfrentarnos a momentos difíciles, donde posiblemente habrá dolor e incluso sufrimiento. Y en la mayoría de los casos podremos superarlo, con ayuda de nuestra red social y con nuestra propia fortaleza interior.

Pero también hay momentos en los que la vida se nos hace cuesta arriba y necesitamos ayuda. Tener el coraje de pedir ayuda es darnos cuenta de nuestra propia vulnerabilidad como seres humanos que sienten y padecen.

Cuando

  • Te sientas paralizado por el miedo y no puedas tomar decisiones.
  • Sientas que tu vida está vacía de emoción
  • No veas salida a tu sufrimiento
  • Creas que nadie te puede ayudar
  • La rabia inunda todos tus pensamientos y no encuentres ningún resquicio de calma
  • Sientas que no hay nada por lo que merezca la pena levantarse cada dia
  • No sientas dolor.

Puedes darte el permiso para PARAR y preguntarte cuánto tiempo más vas a seguir así.

Si la respuesta es “ya no puedo más”. Entonces quizás sea el momento de pedir ayuda.

Desde “Locura de Qué” te ofrecemos un espacio de “permiso”, el que tú te vayas dando, a tu ritmo, a tu manera. Para descubrirte detrás de la imagen que has ido creando de ti, y que probablemente ya te esté haciendo más daño que bien.

Tanto en las sesiones de terapia como de coaching y consultoría queremos generar un espacio en el que pueda emerger “la verdad”, la tuya: única, personal e intransferible. Esta verdad que suele permanecer oculta tras múltiples estructuras defensivas: el miedo al juicio, la necesidad de reconocimiento del otro, la evitación del dolor del rechazo, la ocultación de pensamientos, emociones y acciones reprimidas o negadas.

Queremos sobre todo que recuperes esa verdad propia que te devuelve de nuevo el sentido. Tu sentido.

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