¿Hacia dónde vamos?

¿Cuál es nuestro destino después de la pandemia?

 

Debido a la situación de crisis sanitaria, social y económica mundial, las autoridades de cada país han puesto en marcha medidas de control del contagio a través de medidas de control de masas. La pandemia y el consiguiente control, que han ido modificando sobre la marcha a modo de gps (recalculando la ruta conforme constataban desatinos) ha implicado un impacto todavía difícil de cuantificar con datos reales, pero visiblemente monumental.

Repasemos por encima:

La mascarilla se ha hecho más famosa que el preservativo como medida de protección de contagios. Si hiciéramos una lista como la de los 40 Principales, veríamos cómo fue escalando puestos en el ránking de popularidad desde marzo. Pregúntense quién habla hoy en día de los condones, ¡ay!

Resultado: paisajes urbanos plagados de personas con diferentes modelos de mascarillas como parte de su atuendo, pero también aceras y esquinas colonizadas por mascarillas olvidadas, desechadas y pisoteadas. Comienzan a verse ya arremolinándose por la acción del viento: dentro de poco, los famosos arbustos rodantes de las películas del oeste (y del interior peninsular) serán sustituidos por bolas de mascarillas, y serán éstas las que cruzarán las carreteras.

Por favor, estemos atentos al impacto medioambiental de nuestros actos.

Ya nos somos “ciudadanos temerosos de Dios”. Ahora somos ciudadanos temerosos de la Covid”: temerosos del contagio, de habernos infectado tocando la fruta del supermercado, temerosas de que muera nuestra madre o padre, vigilantes de que el transeúnte no se roce con alguien. Temerosos de nuestro futuro económico porque estamos en un Erte o hemos cerrado nuestra empresa. Temerosos y temerosas de que nos ocupen la casa o entren a saquear cuando llegue la hambruna. Temerosos de la vida cuando se vuelve impredecible. Y es que nos habíamos acomodado, ¿verdad? Ojo, todo esto que nos pasa es absolutamente legítimo. Y los/las hay a quienes esta situación les ha sido totalmente favorable, hecho que me alegra profundamente –el equilibrio existe-.

La situación nos obliga a enfrentarnos a nuestras propias decisiones profesionales y emocionales, a lo pendiente en la pareja y la familia, a revisar incluso nuestro modelo de vida y a decidir qué hacemos con ello (incluido seguir así). Ha venido un tsunami que ha arrasado con 3 de cada 10 empresas, que están en situación de quiebra. Al resto también le ha impactado con una u otra profundidad.

Desde áreas troncales que ocupan un espacio en nuestros pensamientos diarios hasta momentos sutiles en los que estamos inquietos o inquietas por algo, esta situación ha instalado un motor en nosotros que está “al ralentí”: encendido, pero en algunas personas, aún sin arrancar hacia una dirección.

Aprovechemos este momento en el que, además, estamos esperando la distribución de la vacuna que, a priori, marcará providencialmente el inicio de la recuperación de la vida.

Terminemos de revisar los flecos que tenemos pendientes para que nuestro motor al ralentí esté listo y bien engrasado para salir hacia una dirección adaptada al nuevo escenario.

Veamos, entonces, diferentes aspectos en los que este movimiento sanitario, social y económico ha influido en nuestra vida personal. Revisaremos aquello que nos llama la atención en cuanto al impacto que está generando dicho movimiento:

  • No es ansiedad si de verdad te cuesta respirar: cómo hacer para manejar síntomas de ansiedad en situaciones cotidianas.
  • Protección con distancia social o la desnaturalización del contacto.
  • Cuando el miedo al contagio se convierte en paranoia: centinelas del comportamiento ajeno.
  • ¿Desastre profesional u oportunidad de reinvención?
  • Cómo está influyendo todo esto en jóvenes y adolescentes.
  • Limpieza, desinfección y TOC: claves para distinguirlo y manejarlo.
  • La muerte se hace presente. ¿Estoy preparad@?

Y más temas que surgirán, ¿me das tu sugerencia?

 

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